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Ya que este articulo misteriosamente desapareció
entre los papeles de una revista, opto por presentarlo en Internet. Utilización de la estructura de saco interno del edeago en carábidos (Insecta, Coleoptera, Carabidae) para la taxonomía. |
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A. V. Anichtchenko, 2004 |
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En
este articulo se revisa el uso de las estructuras genitales en los
estudios taxonómicos de Carabidae (Insecta, Coleoptera). Se
examinan brevemente las principales ventajas e inconvenientes de los métodos
existentes. Se describe uno de los métodos de estudio del saco
interno perfeccionado, evaluándose la utilidad de este método
en el estudio de diferentes grupos de Coleoptera así como en otros
grupos de insectos. Palabras
clave:
Insecta, Coleoptera, saco interno de edeago, taxonomía. ABSTRACT Using
the internal sac struction of edeago of Carabidae (Insecta, Coleoptera)
for taxonomy. This
paper reviews the use of the genital structures in taxonomic studies of Carabidae
(Insecta, Coleoptera). The advantages and inconvenients of the different
methods used are briefly discussed. A modified method using the internal sac
is presented, providing an evaluation of the utility of using this method
for different groups of Coleoptera as well as for other insect groups. Key
words: Insecta,
Coleoptera, internal sac of aedeagus, taxonomy. INTRODUCCIÓN
La historia del uso de la estructura del aparate genital para
diferenciar especies cuenta ya con más de un siglo de antigüedad.
A lo largo de este periodo de tiempo, los métodos empleados en esta técnica
de investigación han ido mejorando de un modo considerable. En 1929, FRANZ (1929) expuso las bases para el estudio de la estructura interna del edeago,
siendo seguido por muchos investigadores que continuaron desarrollando el
trabajo por él comenzado (KURNAKOV, 1962; MEURGUES y
LEDOUX,
1966; STURANI,
1967). En los últimos tiempos se ha empezado a estudiar, cada vez con más
frecuencia, la estructura del saco interno del edeago completamente inflado
en diferentes grupos de Coleoptera (Insecta) (BERLOV
et BERLOV, 1996a; BERLOV, 1997a, 2000; SHILENKOV, 1996; MATALIN, 1998,
1999a, 1999b; BERTI & MARIAU, 1999; RUBENYAN,
2002; ANICHTCHENKO y VERDUGO, 2004). Sin embargo, en actualidad no
todos los especialistas recurren al empleo del estudio de la estructura del
saco interno para la descripción de una nueva especie. Seguramente,
ello se debe a la aparente dificultad que supone la preparación las
muestras. No obstante, el dominar ésta, en realidad, nada complicada técnica,
permitiría evitar muchos molestos errores.
En un principio, las partes quitinosas del saco interno se empezaron a
estudiar empleando la técnica de la clarificación, que
consiste en hervir el edeago en disolución de hidróxido potásico,
deshidratarlo seguidamente en alcohol absoluto y depositarlo por último
en una gota de bálsamo canadiense. Este método es el más
extendido, a pesar de que tiene sus defectos. El más importante de
ellos consiste en que la forma de los tejidos blandos transparentes escapa a
la observación del investigador. Así, ocurre a veces que hay
estructuras quitinosas que, cuando el saco no está inflado, parecen
similares, y que al inflarlo resultan tener disposiciones espaciales
completamente distintas. Más adelante se hicieron intentos de extraer el saco interno de las especies de mayor tamaño de Carabus (Coleoptera, Carabidae) con la ayuda de un alfiler curvo parecido a un gancho. Este método, aunque permitió demostrar que la forma de los tejidos blandos era también muy específica en cada especie, seguía siendo imperfecto. MATERIAL Y MÉTODOS
Fue estudiada la estructura del saco interno del edeago de los
siguientes géneros de carábidos: Cicindela (57),
Cephalota (8), Cylindera (5), Lophyra (1), Myriochila (1),
Therates (3), Megacephala (4), Tetracha (5), Omus (2),
Mantichora (1), Carabus (377), Calosoma (11),
Callisthenes (17), Callistenia (2), Carabomimus (2),
Carabophanus (1), Ceroglossus (7), Cychrus (5), Cychropsis
(1), Scaphinotus (2), Leistus (5), Nebria (11),
Broscus (2), Cerotalis (1), Chaetobroscus (2), Clivina
(1), Scarites (5), Penetretus (5), Catoferonia (1),
Astigis (1), Myas (1), Abax (3), Percus (4),
Pseudopercus (1), Ancholeus (1), Cryobius (12),
Eutrichopus (2), Orthomus (6), Poecilus (6), Pterostichus
(31), Steropus (4), Sinosteropus (1), Aristochroa (3),
Agonum (5), Andrewesius (2), Platyderus (18), Laemostenus
(3), Sphodrus (1), Pristonychus (2), Thermoscelis (1),
Lindrothius (2), Calathus (11), Pseudotaphoxenus (3),
Taphoxenus (2), Amara (15), Curtonotus (10), Zabrus (17),
Anisodactylus (2), Scybalicus (1), Ophonus (13),
Pseudoophonus (2), Parophonus (2), Acinopus (3), Carterus
(2), Eocarterus (1), Tschitscherinellus (1), Harpalus (47),
Trichotichnus (1), Helluo (1), Licinus (3), Dinodes (3),
Haplochlaenius (1), Chlaenius (4), Tefflus (2), Masoreus (2),
Aepinus (1), Graphipterus (2), Trymosternus (3), Cymindis
(5), Brachinus (6), Aptinus (1), Termophila (1) y
Anthia (2). Entre paréntesis esta indicada la cantidad de
taxones estudiados. Tras
el estudio hemos obtenido múltiples datos de su estructura así
como hemos podido hacer aportación a la metodología ya
existente. Los
primeros entomólogos que propusieron inflar el saco interno con ayuda
de una jeringa fueron MEURGUES y LEDOUX
(1966). Para conseguirlo era imprescindible empezar hirviendo el edeago 2
ó 3 minutos en disolución de álcali del 15% ó
15-20 minutos en ácido acético del 20% y lavarlo después
en agua destilada. Luego, con ayuda de una jeringa y de una aguja fina cortada
para que su punta quede recta, llenar el edeago a través del orificio
basal de una mezcla de glicerina y gelatina. El saco inflado se sumerge en
agua fría. Al enfriarse la mezcla, el saco mantiene su forma específica.
Para conservar ésta, se
deposita el saco en disolución de formalina del 4 %. Un
método más cómodo fue propuesto por BERLOV (1992). En
él, el saco interno se llena de pasta de dientes y seguidamente se seca
durante una hora con ayuda de una lámpara. Todos los métodos
actuales constituyen variaciones de este último con pequeñas
modernizaciones.
A los coleopteros recién recolectados, o a los que han sido
conservados en acetato etílico, es posible inflarles el
saco interno sin preparativos especiales. Es suficiente con sumergir el edeago
en agua caliente durante 20-30
minutos. El material antiguo, conservado en formalina, es necesario hervirlo
previamente entre 3-5 minutos en disolución de álcali del 15%.
Para facilitar el trabajo, al edeago reblandecido se le quitan los parámeros
y se secan con un papel absorbente los restos de agua que queden en interior
del tubo del edeago. Después, con ayuda de una tira de Parafilm “M”
de 15 mm. de largo y 3-4 mm. de ancho, se fija en la aguja de una jeringa cuya
punta ha sido cortada recta. Para mayor comodidad, es aconsejable contar con
agujas de diferente diámetro. En las especies de mayor tamaño
resulta más cómodo insertar la aguja en el interior del orificio
basal del edeago. Por el contrario, en las especies de menor tamaño,
es mejor colocar el edeago en el interior de una aguja de diámetro
grande. Para llenar el saco interno, lo más
práctico es emplear pasta de dientes, siendo imprescindible que
ésta sea de un tipo que no encoja al secarse.
Algunos especialistas inflan el saco empleando aire y, manteniendo la
presión, lo secan bajo una lámpara. Sin embargo, este método
cuenta con algunos inconvenientes. A veces, especialmente cuando se trata de
material antiguo, el endofallus tiene perforaciones. En este caso es imposible
inflarlo empleando aire, pero no empleando una pasta de dientes espesa. Otro
de los inconvenientes consiste en que el endofallus inflado con aire
resulta mucho más frágil, pudiendo modificarse su forma a causa
de la humedad. Así
que, como decíamos, el endofallus se llena con pasta de dientes,
intentando inflarlo hasta su extensión máxima. Con
frecuencia quedan burbujas de aire o agua en el interior del endofallus. Es
necesario eliminarlas haciendo perforaciones con una aguja muy fina. Después,
sin quitarlo de la jeringa, el endofallus se seca bajo una lámpara.
Este preparado puede conservarse pegándose a una pequeña
etiqueta rectangular que se fija bajo el escarabajo. DISCUSIÓN Descripción y terminología La
terminología para describir las estructuras internas del edeago de los
coleopteros aun está muy poco elaborada. Además, con frecuencia
es muy difícil homologar la gran variedad de estructuras que aparecen
dentro del saco interno. Unas pueden ser semejantes a pequeños dientes
espirales, otras a parcelas cubiertas de pequeñas espinas, otras a
placas, y otras pueden tener simplemente el aspecto de una mancha fuertemente
pigmentada (figs 1-12). Las estructuras internas mejor estudiadas son las de
los Carabidae. Las bases de su estudio fueron establecidas por ISHIKAWA
(1973, 1978, 1979). En los últimos tiempos se están investigando
los sacos internos inflados de Cicindelinae (Coleoptera, Carabidae) (MATALIN,
1998, 1999a, 1999b), Chrysomelidae (Coleoptera) (BERTI &
MARIAU, 1999) y Cerambycidae (Coleoptera) (RUBENYAN, 2002; ANICHTCHENKO
y VERDUGO,
2004). Desgraciadamente
aún tenemos muy pocos conocimientos relacionados con la estructura de
los sacos internos de los diferentes géneros y familias de escarabajos.
La estructura del endofallus de las familias Carabidae, Curculionidae y
Chrysomelidae (Coleoptera) es muy específica (figs. 1-12) y su
estudio puede tener interesantes resultados. El saco interno de otras
familias, como por ejemplo de Tenebrionidae y Scarabaeidae (Coleoptera),
resulta menos esclarecedor y está a la espera de sus investigadores. El
empleo de este método en el orden Lepidoptera (Insecta) ha dado
buenos resultados. La “visica”, así se llama el endofallus de los
lepidópteros, de la familia Noctuidae (Lepidoptera) esta
provisto de diferentes espinas y dientes, y con éxito se utiliza en
taxonomía. Aun
está poco estudiado que variabilidad individual en la forma del saco
interno existe a lo largo del área de distribución de una
misma especie. En la mayoría de los casos la forma de éste
es muy estable. Sin embargo a veces, su variabilidad da lugar a faltas de
acuerdo en la interpretación de las especies. Así ocurre en el
caso de las especies del género Cychrus (Coleoptera,
Carabidae) descritas de la zona de Caucaso (BERLOV, 1997a). A pesar de que
durante los últimos años fue estudiada gran cantidad de
ejemplares de Cychrus, procedentes de varias localidades de Caucaso,
todavía no se puede decir con seguridad si se trata de una única
especie muy variable, o de una riqueza extraordinaria de la fauna local. Valor
taxonómico. La
teoría que propone la existencia de una estricta correspondencia entre
la forma del endofallus y la de la cámara genital de la hembra
de manera que se acoplan al igual que una llave a su cerradura, fue expuesta
por ISHIKAWA (1973). Según ésta, la parte menos expuesta
a la influencia del medio exterior y a los efectos de la selección
natural, es la estructura genital, desempeñando ésta la función
de estabilizadora de especies. Sin embargo, las últimas
investigaciones realizadas en relación con este tema en la familia de
los carábidos (SOTA & KUBOTA, 1995) demuestran que la condición “llave –
cerradura” no siempre se cumple de manera perfecta. Hemos
probado inflar la cámara genital de hembras de diferentes especies del
género Carabus, utilizando el mismo método que en machos.
Los resultados fueron poco consoladores. La configuración de las cámaras
no coincide en absoluto con la del endofallus (va a ser publicado en breve).
Además,
el alto grado de uniformidad en la estructura del saco interno en algunos
grupos de Coleoptera, indica que éste está lejos
de ser un recurso universal al que hayan recurrido las especies en el
curso de la evolución. Así, incluso en el interior de una misma
familia, como por ejemplo Carabidae (Coleoptera), mayoría de los
géneros o subgéneros de tal tribus como Cicindelini, Carabini,
Pterostichini, Zabrini y Harpalini poseen una estructura del saco
interno muy compleja e individualizada (fig. 3-4), mientras que la que poseen
otros, como por ejemplo Agonini,
Sphodrini, Licinini y algunos Lebiini se caracteriza por una fuerte
homogeneidad (fig 5-6) y no
parece desempeñar un papel muy importante en el aislamiento reproductor
de las especies.
Sería cómodo suponer que la evolución
camina hacia el aislamiento de las especies
a través del aumento de la complejidad de la estructura del
endofallus. Esto podría facilitar considerablemente el análisis
filogenético de Carabidae. No obstante los datos obtenidos tras
el estudio de secuenciación mitocondrial de ND5 de ADN del genero Carabus
(OSAWA et al., 1999; TOMINAGA et al., 2000; SU et al.,
2001) muchas veces no coinciden ni con los de la taxonomía morfológica
tradicional, ni con los resultados de estudio de saco interno.
Indudablemente el estudio del endofallus no da respuesta a todas las
preguntas. Sin embargo en muchas ocasiones ofrece resultados completamente
inesperados y siempre proporciona argumentos complementarios para solucionar
las confusas cuestiones taxonómicas. Veamos algunos ejemplos. Dos
especies idénticas en su aspecto exterior del subgénero Semnocarabus
(Coleoptera, Carabidae, Carabus) de Asia Central poseen unas áreas
de distribución muy próximas, cada uno formando una serie de
subespecies muy semejantes. Únicamente el estudio del endofallus
ha permitido aclarar este problema (figs. 7-8). En una situación
semejante se encontraban las especies de los subgéneros Morphocarabus
(BRINEV, 2002), Mesocarabus (figs. 9-12) (ANICHTCHENKO, 2004) y las
especies del género Platyderus (ANICHTCHENKO, 2005).
Hasta el momento hay muchas cuestiones que aun no están
resueltas. Una de ellas es el porqué la evolución de algunas
especies ha optado por el camino que lleva a la creación de estructuras
complejas del saco interno que ha tenido como consecuencia su aislamiento,
mientras que la de otras se ha mantenido las estructuras genitales
extraordinariamente homogéneas. Por ejemplo, la estructura de los sacos
internos de la subtríbe Calosomina (Coleoptera, Carabidae) de América,
África, Australia y Asia son prácticamente idénticos. Estos
fenómenos necesitan sus investigaciones y sus explicaciones. No
obstante, ya ahora se puede afirmar que, indiscutiblemente, el estudio de las
estructuras internas del edeago unido al empleo de otros métodos de
investigación contemporáneos nos permitirá aclarar
considerablemente las relaciones filogenéticos y acercarnos a la
comprensión de los procesos evolutivos. AGRADECIMIENTOS Este
trabajo ha podido realizarse gracias a una beca subvencionada por AECI
(Agencia Española de Cooperación Internacional). BIBLIOGRAFÍA
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7-12. Estructura del saco interno. – 7: C. (Semnocarabus)
carbonicolor Morawitz, 1886.
– 8: Carabus (S.) erosus Motschulsky, 1865 (Coleoptera,
Carabidae).. – 9-10: Carabus (Mesocarabus) macrocephalus
Dejean, 1826 (Coleoptera, Carabidae). – 11-12: Carabus (M.)
lusitanicus Fabricius, 1801 (Coleoptera, Carabidae). |
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